viernes, 1 de mayo de 2020

El prejuicio de amar al otro

Desde niña siempre he querido mucho a las personas que me rodean. Y cuando digo a las personas que me rodean me refiero no a mi familia, sino en general a las diferentes personas que han hecho parte de las diferentes etapas de mi vida. 

He recibido comentarios como que si quería a todo el mundo, pues nadie iba a saber que realmente lo quería. En su momento me pareció un argumento valido. También me dijeron que uno no puede ser amigo de todo el mundo y creí que tal vez podía ser cierto. Que no fuera tan apegada y que porque decirle a todo el mundo que lo quiero. Esos, y demás comentarios relacionados, me hicieron dudar y en algunos casos dejar de decir te quiero o te amo. Y acá voy a parar un momento para decir que cuando hablo de amar no me refiero al amor romántico. Yo amo y quiero mucho en general y me he sentido juzgada por hacerlo a lo largo de mi vida. ¿Por qué?, ¿cómo?, ¿cómo que los quieres si los conoces hace poco?, ¿son tu familia?, ¿pero cómo vas a querer a esas personas si son completamente opuestas?, ¿por qué te hablas con este si eres amiga de aquel?

En fin, estos días de cuarentena, donde en teoría uno tiene tiempo de pensar, concluí que existe un prejuicio en amar al otro. Tenemos un prejuicio frente amar al otro, y repito no románticamente porque eso merecería otro post. Nos parece extraño que la gente quiera mucho y a muchos. Que la gente quiera a personas con las que tal vez no compartió mucho tiempo, quiera personas que tal vez no ve seguido. En fin, siento que durante mi vida he querido o amado a muchas personas, con las que efectivamente ya no hablo pero en su momento quise, las sigo apreciando y deseándoles lo mejor del mundo. La vida me sigue dando la oportunidad de conocer personas maravillosas, que puede que trasciendan o no en el tiempo e igual las quiero y las querré. Evidentemente las circunstancias de la vida cambian con el tiempo pero creo que el cariño o el aprecio siempre van a estar presentes y es muy lindo poder recordar a las personas con esa sensación. Hay que normalizar amar, porque el problema del mundo radica en las personas y yo me atrevo a decir desde mi zona de confort que radica en las personas con falta del amor.